A simple vista, todo parece estar bien
En una inspección reciente encontramos cinco tipos de anomalías en una misma serie de imágenes. En RGB, los módulos parecían limpios y alineados; al cambiar a la vista térmica, aparecieron problemas que no se distinguen desde el suelo.
Entre los hallazgos había un punto caliente de varias células a 88,8 °C, una fila de células con polaridad invertida a 73,9 °C, un módulo a 58,3 °C y una célula individual a 55,2 °C. También detectamos varias anomalías asociadas a diodos bypass.
Dos sensores, una imagen completa
El RGB ayuda a situar cada módulo dentro de la instalación. La termografía aporta la información necesaria para localizar diferencias de temperatura y priorizar una revisión. Ninguna de las dos vistas cuenta toda la historia por sí sola.
Por eso combinamos ambas durante el vuelo y vinculamos las anomalías a su ubicación. El resultado permite pasar de una imagen llamativa a una lista de puntos concretos que el equipo de operación y mantenimiento puede comprobar.
Detectar antes de que cueste más
Una anomalía térmica no sustituye el diagnóstico técnico, pero sí ayuda a dirigirlo. Identificar dónde mirar primero reduce búsquedas innecesarias y facilita que cada intervención se base en evidencias.
En una planta solar, lo importante no es solo ver miles de paneles: es saber dónde merece la pena actuar.
